afirmó alguna vez que sus fotos han de ser consideradas como arte conceptual. Su enfoque conceptual es evidente, entre otras cosas, en la división de su obra en series. Por mucha variedad que tengan esas series, hay temas constantes como el enfrentamiento con la pintura por medio de la fotografía o el interés por la imagen social de la mujer. Las primeras fotos que hicieron famosa a Cindy Sherman de un modo fulminante, a comienzos de los años ochenta, fueron sus “Film Stills”. Esos autorretratos en blanco y negro muestran a la artista en diferentes situaciones que, formal y materialmente, recuerdan fotos fijas de filmes de los años cincuenta y sesenta. Después, Sherman ya sólo hizo fotografías en color.
Por largo tiempo trabajó sobre su propio autorretrato en mil posturas diferentes, adoptando otras tantas identidades. Con este artificio planteaba la relación entre hombres y mujeres: cómo ve el hombre a la mujer y cómo se ve la mujer a sí misma.
Para formalizar estas mutaciones se ‘apropió’ –usando disfraces y prótesis- de la secretaria de la bibliotecaria, de la mujer objeto y de la niña inocente. También utilizó los estereotipos de la televisión de los años cincuenta, de los avisos comerciales y de los filmes de horror; se convirtió en los personajes de muchos cuadros famosos –generalmente retratos- de grandes pintores como Holbein, Giulio Romano, Watteau, Goya, Caravaggio y Raffaelo Sanzio (History Portraits, 1988-1990).
Una serie de gran importancia para su obra fue la que, en 1981, hizo por encargo de la revista de arte neoyorquina “Artforum”. Estas fotos –que se imprimieron a doble página, en un formato muy apaisado, acorde con las dimensiones de la revista muestran a la artista frecuentemente tumbada con un rostro inexpresivo.
Fondo con textura y foto con luces, sombras y algo de maquillaje para ser distinta forma y tener estilo propio, simétrica pero es interesante porque es novedosa la forma en que está compuesta, materiales, etc...
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